domingo, 7 de octubre de 2012

73. Soluciones de ayer, problemas de hoy La inflación pone en crisis el perverso esquema de las actualizaciones de salarios “ilegales”, a través de cifras no remunerativas para que el gasto no se dispare. Por Enrique Szewach . Publicado en perfil.com

Ya comentamos, la semana pasada, que no existe “indexación para todos y todas” de los ingresos de los argentinos. Los que más se aproximan a ese “argentine dream” son los trabajadores sindicalizados del sector privado que, habiendo logrado un fuerte incremento del salario real desde el dramático piso del 2002, ahora pierden sólo unos puntitos anuales derivados del rezago con que se negocian las paritarias.
Algo similar ocurre con los jubilados, que reciben ajustes automáticos semestrales. Aunque en este caso no es lo mismo el que gana la mínima, que tuvo, anteriormente, un aumento real, que aquellos que recibían jubilaciones superiores, licuadas, en estos años, por falta de ajuste, o mal cálculo de la base, y cuyo nivel de ingresos depende de fallos judiciales y del cupo anual que establece Anses, para cumplir con tales fallos.
Para el resto de los trabajadores, empresarios, profesionales, sus ingresos reales están en función del particular mercado en que actúan, no sólo por cuestiones de índole micro, local o global, como debería ser, sino por la multiplicidad de tipos de cambio, retenciones a la exportación, impuestos y restricciones a la importación, subsidios, controles de precios, tasas de interés negativas, prohibiciones de atesorar dólares, entre otras.
Obviamente, no hay que olvidar la variable empleo, cuya recuperación, también desde el dramático piso del 2002, resulta innegable y la clave del voto oficialista. (Si no tenía trabajo y ahora lo tengo, la ganancia en términos reales, a pesar de la inflación, es cuasi infinita). Aunque a medida que se aleja el recuerdo del desempleo, el deterioro salarial cobra más importancia.
Volviendo a la inflación, cuando el impuesto inflacionario es relativamente bajo, la dispersión en la evolución de los ingresos de estos diferentes grupos, más allá de las otras intervenciones estatales, es baja. Pero cuando la tasa de inflación es alta, los precios e ingresos relativos se descalabran, y la dispersión entre ingresos, dado todo lo demás, es muy elevada. Dispersiones elevadas e “injustas” dan lugar a situaciones sociales cada vez más complejas que generan, claramente, conflictos crecientes.
Y estos conflictos, esta semana, han sacado a la luz, viejos problemas.
En efecto, cuando la Argentina tiene crisis fiscales, se inventa la “solución” de pagar, en el sector público, aumentos salariales que no se computan como salario. En el caso presente de las Fuerzas Armadas y de seguridad, para eludir las leyes que obligan a pagar a los retirados, cierta proporción fija del salario de quienes están en actividad.
Lo mismo ocurre en el sector privado, cuando, en contextos inflacionarios, pero simultáneamente recesivos, y con problemas de competitividad derivados, precisamente de la alta inflación y de la caída del tipo de cambio real, se inventa pagar “montos no remunerativos”.
El sector público, para no subir el gasto, elude la ley y, a la vez, para que se puedan aumentar los salarios privados, pero sin incrementar más los costos laborales, le permite también eludir la ley. Pero esta solución dura poco. En el caso del sector público, lentamente los damnificados, empiezan a presentar acciones judiciales para que sus salarios o jubilaciones se ajusten a las leyes. En el caso del sector privado, se aprovecha alguna mejora de la economía o una explosión inflacionaria/ devaluatoria, para reacomodar los conceptos salariales, en el momento en que no implican un aumento de costos intolerable.
Los gobiernos de turno pagan ilegalmente, hasta que los jueces los limitan institucionalmente. De allí, entre otros motivos, la vocación de algunos gobiernos por destruir la independencia de los jueces. Y los privados, tanto dirigentes empresarios como sindicales, pagan ilegalmente, sabiendo que, en algún momento, tendrán que “blanquear” la situación.
Por supuesto, con tasas bajas de inflación y entornos menos “dispersos” en materia de ingresos estas “soluciones” duran más tiempo.
En alta inflación, en cambio, con la injusta y aleatoria dispersión de los ingresos, aquellas soluciones de ayer, se transforman en los problemas de hoy.
Por lo tanto, mientras no se ataquen los temas de fondo vinculados con la alta inflación, el zafarrancho fiscal y monetario y la baja competitividad, habrá cada vez más problemas y menos soluciones.

http://www.perfil.com/ediciones/2012/10/edicion_717/contenidos/noticia_0015.html




 

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72. Los comicios venezolanos, en el ojo de la política argentina Por Nicolás Wiñasky . Publicado en Clarin.com

Caracas. Enviado Especial - 07/10/12
Un muy importante dirigente K se contactó en las últimas horas con el comando de campaña del candidato presidencial opositor en Venezuela, Henrique Capriles.
Es nada más ni nada menos que el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli.
El bonaerense está entusiasmado con los comicios venezolanos y, en especial, con la performance que pueda tener hoy Capriles, a quien conoce desde 2004, cuando ambos coincidieron en un foro de discusión sobre la problemática de las ciudades que se celebró en Miami.
Capriles consiguió el apoyo de opositores argentinos, como los diputados Federico Pinedo (PRO), Gabriela Michetti (PRO), Patricia Bullrich (Unión por Todos) y Carlos Amadeo (Peronismo Federal), presentes en Venezuela, y también genera adhesiones en el peronismo oficialista. “Henrique es un luchador. Nunca perdió una elección, es un tipo joven, que usa un lema de campaña parecido al que usé yo: ‘No votes por mí, votá por vos’´´, repite Scioli por estas horas.
Al mismo tiempo, Capriles tiene muy en cuenta el presente de Scioli. En una entrevista que el venezolano mantuvo con Clarín , hace un mes y medio, confesó que se sentía identificado con él: “Le están cortando los fondos del mismo modo que Chávez me hizo a mí cuando gobernaba el estado de Miranda”, dijo, en alusión a la tensión política que casi rompía la alianza entre la Casa Rosada y el Gobernador.
Además de Scioli, la campaña de Capriles fue estudiada por otro peronista con aspiraciones electorales para el 2013: el intendente de Tigre, Sergio Massa, analiza desde marzo pasado las variables que le permitieron al venezolano transformarse en el candidato alternativo a Hugo Chávez.
Massa se entusiasmó especialmente en el modo en el que Capriles recorrió cientos de localidades pequeñas de Venezuela antes de hacer actos multitudinarios en ciudades populosas, un modo de construir su figura a partir del contacto directo con el electorado.
Scioli y Massa proyectan en Capriles aquello que ellos encarnan en el PJ: quieren ser el recambio en un partido liderado por los Kirchner desde hace 9 años . El mandatario bonaerense es el que hace más equilibrio: el apoyo de la Casa Rosada a Chávez es total pero aun así él intenta despegarse del venezolano. Ocurre que las encuestas dicen que un sector de la sociedad le pide a la presidenta Cristina Kirchner que rompa su alianza con el líder bolivariano.
A pesar de su amistad con Scioli, Capriles eligió mostrarse más cerca de la oposición argentina. Su comando de campaña convocó a la dirigencia del PRO, a la que se sumaron Bullrich y Amadeo. Estos dirigentes se entrevistarán hoy con el candidato, que ayer se reunió con otro opositor argentino: el radical Jesús Rodríguez mantuvo una larga charla con él en calidad de dirigente de la Internacional Socialista.

 Por Nicolás Wiñasky . Publicado en Clarin.com

http://www.clarin.com/mundo/comicios-venezolanos-ojo-politica-argentina_0_787721335.html 



 

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71. Problemas por sobredosis Por Néstor O. Scibona | Publicado en LA NACION

Las sobredosis de gasto público, emisión monetaria e inflación que la economía recibió en los últimos años para sostener el crecimiento récord del PBI -con fuerte desaceleración en 2012- están acarreando los problemas típicos de todas las adicciones: resulta cada vez más difícil reducirlas y, si se las aumenta, sus efectos tienen menos duración, con más daños colaterales.
En este diagnóstico está la génesis de muchas de las actuales distorsiones económicas, agravadas por errores de gestión nunca reconocidos por el gobierno de Cristina Kirchner, que invariablemente los atribuye a teorías conspirativas.
No es ajeno, incluso, al inédito conflicto institucional protagonizado por los efectivos de Prefectura y Gendarmería Nacional, donde la ruptura de la cadena de mandos derivó en una no menos insólita "paritaria" en esas fuerzas de seguridad. Aunque no haya sido intención del Gobierno bajar salarios nominales, una inflación de 25% anual torna inverosímil la hipótesis oficial sobre la existencia de "manos negras" en la aplicación distorsionada del decreto, cuya suspensión la invalida. Más bien habría que atribuirlo a los problemas para reducir otra sobredosis: la proliferación de adicionales no remunerativos destinados a desvincular los sueldos de bolsillo de los costos salariales, tanto del personal en actividad como retirados. Estas sumas redujeron a sólo 40% promedio la proporción de los sueldos "en blanco" dentro del total y promovieron un sugestivo auge de la industria del juicio, con lo cual se descalabró el principio de iguales remuneraciones para iguales jerarquías.
De ahí que el costo de retornar a un escalafón más racional, sólo para estas fuerzas, se calcule en no menos de $ 4000 millones anuales, equivalentes a una quinta parte del presupuesto del área de Seguridad para el año entrante ($ 19.850 millones). Un informe de la consultora Finsoport revela además que este último monto implica una reducción de 11% con respecto al crédito fiscal de 2012, que impediría ajustar los gastos en personal (74% del total) en línea con la inflación. Más aún con la política de trasladar efectivos del interior a la custodia de las zonas más inseguras del área metropolitana, que no parece tener nada de provisional, lo cual eleva viáticos y extras para quienes deben vivir lejos de sus familias.
Sin considerar este último efecto, la distorsión salarial no es diferente de la de otras áreas del sector público, especialmente en las provincias. Según el abogado laboralista Julián de Diego, muchos gobernadores e intendentes hacen uso y abuso de la práctica de subir salarios a través de sumas "no remunerativas" para bajar costos laborales y previsionales, a pesar de un fallo de la Corte Suprema que también los coloca en infracción. Otro tanto -dice- ocurre con la creciente incorporación de agentes como monotributistas. Precisamente, un dato significativo que surge de estadísticas del Indec es que la brecha entre remuneración bruta y neta por puesto de trabajo en el sector público provincial alcanzaba a apenas 1% en el segundo trimestre de este año.
Aunque el empleo de monotributistas es una modalidad que gana terreno en el sector privado, aquí el grueso de las remuneraciones se acuerda en paritarias que también suelen incluir sumas no remunerativas, aunque a cuenta de su posterior incorporación a los sueldos, lo cual sólo posterga transitoriamente para los empleadores el mayor costo laboral. Sin embargo, con inflación en ascenso, la incidencia es significativa: según el mismo informe del Indec, el costo salarial promedio del sector privado creció 38,8% interanual en el segundo trimestre, mientras que la remuneración neta para el conjunto de actividades ($ 6228 mensuales promedio) lo hizo 28,7 por ciento.
La madre de todos los males
Estas cifras relativizan el argumento que María Lucila "Pimpi" Colombo, subsecretaria de Defensa del Consumidor, expuso en una entrevista publicada en LA NACION. Si bien es cierto que los aumentos salariales en paritarias (entre 25 y 27%) no tienen nada que ver con la inflación del Indec (9,9% anual), lo que no dijo es que sí se aproximan a la inflación real calculada por consultoras y organismos provinciales que su jefe directo -Guillermo Moreno- se dedica a multar, enjuiciar o presionar. En todo caso, la mayor divergencia se produce en los sueldos del Poder Legislativo (35,8%, con un promedio de $ 15.149 mensuales) o del Poder Judicial (38,8% y $ 11.498), cuyos promedios se ubican por debajo de los bancos nacionales ($ 19.739) e incluso de organismos en liquidación ($ 20.021). Otro caso de sobredosis surgido del mismo informe del Indec que, sugestivamente, dejó de incluir a los medios oficiales de comunicación.
Desde una postura más académica, Mercedes Marcó del Pont organizó las Jornadas Monetarias del Banco Central con un conjunto de expositores extranjeros invitados a demostrar que la inflación no es un fenómeno atribuible a políticas fiscales y monetarias expansivas sino a causas estructurales y conflictos distributivos que no pueden ser resueltos con metas de inflación. Aún así, uno de los panelistas (el griego Philip Arestis) estuvo al borde de apartarse del libreto cuando explicó que 96 países (más de medio mundo) aplican metas antiinflacionarias, aunque aclaró que sus resultados no difieren demasiado de los que no lo hacen. Otro expositor, Eric Yeldan (de Turquía), sostuvo que las economías emergentes no podían fijar metas de 2 o 3% anual como las desarrolladas, sino más bien de 8 o 10% para obtener mejoras en el PBI. Tal vez asumió que la inflación en la Argentina es la que tratará de defender esta semana en Tokio el ministro Hernán Lorezino (durante la asamblea del FMI y el BM) y que aún así se ubica entre las 10 mayores del mundo.
Más llamativo fue el cierre de las Jornadas a cargo del vicepresidente Amado Boudou. No sólo porque definió como "aire fresco" a teorías que se aplicaron y fracasaron en la Argentina hace 40 años (precisamente a causa de sobredosis fiscales, monetarias y de atraso cambiario). También porque utilizó los mismos argumentos y cifras de CFK para negar la existencia del "cepo cambiario", sin tener en cuenta que la Presidenta había justificado el racionamiento de divisas en la "timba" y la "jauja" cambiaria de 2011, cuando Boudou era su ministro de Economía.
Con más apego a sus propias convicciones, Marcó del Pont enfatizó que la financiación del BCRA al Gobierno (con reservas y "maquinita") no apunta a salvar al sistema financiero como en Europa, sino a promover políticas de inversión pública, inclusión social y diversificación productiva. Un argumento que podría rebatirse con la sobredosis de subsidios estatales para mantener congeladas las tarifas de energía y de transporte, que en el período 2005 a 2011 crecieron nada menos que 1800% en términos nominales, equivalen ya a casi 4% del PBI (un nivel similar al de toda la inversión pública) y desembocaron en un déficit energético de no menos de 5000 millones de dólares. Precisamente, dos de los mayores dolores de cabeza del Gobierno para el próximo año electoral y que pueden ser la caja de Pandora del presupuesto 2013, aunque previsiblemente sea aprobado en el Congreso a libro cerrado.

 Por Néstor O. Scibona | Publicado en LA NACION
http://www.lanacion.com.ar/1514888-problemas-por-sobredosis 



 

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