domingo, 29 de julio de 2012

61. Como tambalea el relato, vuelven las guerras Por Eduardo Van Der Kooy. Publicado por Clarin.com.


Sus dos menciones públicas de la semana pasada, cargadas de resentimiento , estarían indicando que Cristina Fernández ha resuelto retomar, entre tantas, una de sus viejas peleas: la que mantiene contra el periodismo que no le es adicto , que no le rinde pleitesía. A ese periodismo se le ocurrió bautizarlo “cadena nacional del miedo y del desánimo”.

Aquella pelea, en verdad, nunca había cesado. El kirchnerismo ejerce una fuerte presión sobre la Justicia para que no haya ningún fallo sobre la constitucionalidad o no del articulo 161 de la ley de medios (que promueve la desinversión compulsiva de las empresas). Así, logró también que la Corte Suprema fijara un plazo a la medida cautelar presentada contra ese artículo. Ese plazo quedó establecido para el próximo 7 de diciembre.
La novedad sería el regreso del pleito a la escena pública. ¿Por qué razón? Múltiples. El enorme aparato periodístico estatal y paraestatal –con más de 160 medios– construido por el Gobierno no habría tenido los resultados esperados.
Las mayores audiencias siguen concentradas en los medios gráficos y audiovisuales tradicionales . El millonario gasto en publicidad oficial se canaliza, justamente, fuera de ese circuito. El impacto por lógica se reduce mucho, con excepción de las transmisiones de fútbol.
La apelación a la cadena nacional, hábito de la Presidenta en este mandato, más allá de los reparos legales viene teniendo en los últimos tiempos una desagradable comprobación para el kirchnerismo: las audiencias, en vez de aumentar, disminuirían. Algo no funcionaría del todo bien en la imaginaria batalla cultural pergeñada por los cerebros K. Que daban por ganada.
También habría argumentos más contundentes que explicarían la vuelta de Cristina con su fobia hacia un sector del periodismo.
La economía no arrima buenas noticias. Las refriegas políticas tampoco resultan redituables.
Hubo un fracaso inicial en el intento por acorralar a Daniel Scioli. Hugo Moyano recuperó alguna ponderación social –aunque su imagen negativa continúa siendo elevada– desde que se convirtió en contendor de Cristina. La puja contra Mauricio Macri tampoco le hace ganar simpatizantes al kirchnerismo en Capital.
Como telón de fondo está la propia Presidenta. Encuestadores no oficiales señalan que el desgaste que sufrió en los primeros siete meses sería equivalente al que era dable esperar en un año . La caída de su imagen perforó los 20 puntos en el orden nacional. Un trabajo que el Gobierno conoce apunta que su popularidad está ahora unos puntos por encima del nivel que exhibía en octubre del 2010, antes de la muerte de Néstor Kirchner.
Alrededor de un 40% . También habría un dato tranquilizador para el bando oficial: ningún dirigente de la oposición asomaría aún con posibilidades de capitalizar ese temprano esmeril de Cristina.
El manejo de gestión del Gobierno va marcando, en casi todos los conflictos, sus limitaciones. Está cayendo en la conclusión, recién ahora, sobre las dificultades para aplicarle a todos la ley de medios que fue sancionada por el Congreso. Una norma gestada contra el Grupo Clarín pero que, llegadas las circunstancias, tendría incidencia también sobre otros grupos empresarios de comunicación, algunos del interior. Nadie sabe si la Presidenta está al tanto de esas imposibilidades. Se conoce que el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, trabaja en un DNU para enmendar aspectos de la reglamentación.
El Gobierno se enfrenta en ese terreno, además, a un dilema con la oposición. La Autoridad Federal de Comunicación Audiovisual (AFCA), que debe supervisar la aplicación y cumplimiento de la ley de medios, no logró ser conformada . El organismo debe tener un presidente y un director designados por el Poder Ejecutivo. Otros tres miembros, nombrados por una Comisión Bicameral del Congreso. De ese número, el primero correspondería al oficialismo y los restantes a la primera y segunda fuerza opositora.
Ocurre que la Bicameral está paralizada . Se ha reunido una sola vez en los últimos tres años. Agustín Rossi y Miguel Pichetto, las espadas K en Diputados y el Senado, no tendrían por el momento intención de activarla. ¿Por qué?
La oposición podría objetar la situación de varios grupos de medios afines al oficialismo.
Habrá que reconocer la eficacia política del kirchnerismo en cada una de sus ofensivas contra el periodismo. Esa eficacia quedó demostrada por el modo en que cooptó a parte de la oposición, tanto en la ley de medios como la que declaró de interés público la fabricación y comercialización de papel para diarios. Ese debate conoció su climax en diciembre, hace apenas siete meses.
Aquella eficacia política posee su contracara: el desconocimiento profundo del kirchnerismo y sectores de la oposición sobre la comunicación y el mercado.
La Presidenta y su coro alardearon, por ejemplo, acerca de la necesidad de garantizar internamente el abastecimiento de papel, que ya estaba garantizado . Se empalagaron hablando de mejorar la democracia y la libertad de expresión. La merma económica está produciendo una drástica caída de la demanda del papel para diarios. Papel Prensa, única productora, tiene casi saturada su capacidad de almacenamiento. Pero por imposición del Estado debe seguir produciendo al 100% de su capacidad. El papel de diario no posee valor de exportación. La pérdida de competitividad del tipo de cambio torna hoy más conveniente su importación que la fabricación interna. El kichnerismo está ajeno a esa realidad.
El descenso de la imagen de Cristina poco tendría que ver, quizá, con la batalla de la comunicación. Pero ayudaría a entender cómo demasiadas obsesiones del Gobierno derivan en despropósitos . Desde el 2007, con la anuencia de los Kirchner, Guillermo Moreno resolvió ocultar la inflación. Esa inflación permanece implacable, ahora en un marco de desaceleración económica.
No hay respuestas.
El propio supersecretario y el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, propusieron recurrir al cepo cambiario y a las trabas indiscriminadas a las importaciones para frenar la fuga de dólares. El freno fue suave, pero resultó tremendo el impacto sobre actividades económicas clave.
La industria automotriz y la construcción, sobre todo. Cristina parece malquistada con Moreno. Pero tampoco atisba otra respuesta.
La Presidenta intentó a comienzo de año un ajuste (o sintonía fina) para contener el gasto público que detuvo no bien calibró sus primeras consecuencias sociales. Ese gasto público sigue en alza, pero retomó la idea del ajuste con el propósito de aplicarlo a las provincias. Casi todos los distritos atraviesan crisis financieras. En medio de ellas, se cuelan disputas políticas.
Sucede con José de la Sota en Córdoba y con Scioli en Buenos Aires. Pero al kirchnerismo le importa ahora el mandatario bonaerense. Es el dirigente que meneó rápido la sucesión para el 2015. Scioli ganó la última pulseada porque Cristina sintió vértigo al comprobar cómo los ciudadanos bonaerenses la responsabilizaban por el pago del aguinaldo desdoblado. Pero aún así, el gobernador no tiene (no tendrá) respiro: el Gobierno anunció que le quitará subsidios por haber aumentado un 28% la tarifa de electricidad en la Provincia.
El gobernador resolvió enfrentar el temporal adoptando precauciones. Por lo pronto, abrió una caja para acumular fondos pensando en el aguinaldo de diciembre. Mucho antes figura el mes que viene. También decidió reforzar su mesa de consejeros. Sumó a Carlos Fernández, el ex ministro de Economía de Cristina, ahora director en el Banco Provincia. El funcionario resultaría útil para el seguimiento de las cuentas. Pero el problema mayor de Scioli no es sólo ese: su encrucijada consiste en definir una estrategia también política para aguantar las embestidas kirchneristas que pronto volverán.
Scioli debiera prestarle atención a lo que pasó con Moyano. Una vez que Cristina le hizo la cruz no hubo arrepentimiento ni marcha atrás. Ni siquiera cuando anduvo sobre un vacío, sin conocer cómo sería su sucesión ni quién el sustituto en el antimoyanismo. Eran esperables las sorpresas. La Presidenta gastó su audiencia con los “Gordos” e “independientes” pero ese sector sindical no se amalgama para constituir en octubre la CGT paralela. La ausencia en la cumbre del candidato, el metalúrgico Antonio Caló, desató mil conjeturas. Caló no abdicó pero lo primero que hizo fue advertir que no le cree a las cifras del INDEC.
El filo de sus palabras preocuparon a los K. Habría otro rastro en esa interna que convendría seguir: salvo el lucifuercista Oscar Lescano, ninguno de los jerarcas del sector se ensaña con Moyano. Cristina debió valerse del intendente de José. C. Paz, Mario Ishii, uno de los opacos barones del conurbano, para cruzar al líder camionero. Son las fotos de esta época.
En las fotos del poder aparecen rutilantes Axel Kicillof y Florencio Randazzo en desmedro del resto. Los estrellatos en el firmamento cristinista son fugaces. La Presidenta volvió con sus mensajes fogosos y agresivos.
Que preanuncian batallas.
El periodismo que no le agrada lo sabe.
Ocurre siempre que soplan malos vientos. Cuando Cristina se transparenta como una mujer sin paz. Ocurre cada vez que el relato kirchnerista, como ahora, tambalea.


Por Eduardo Van Der Kooy. 


Publicado por Clarin.com.


http://www.clarin.com/opinion/tambalea-relato-vuelven-guerras_0_745725569.html





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sábado, 21 de julio de 2012

60. Noticias de estos tiempos. Por Marcelo Canton mcanton@clarin.com


El Estado siente el impacto de la situación. Las cuentas fiscales lo registran con claridad. El mes pasado, el Tesoro tuvo rojo primario, aún antes de pagar la deuda. Eso le quita herramientas al Gobierno para hacer política anticíclica.

Por eso recurre a las cajas que encuentra disponibles, como la ANSeS, que usó por caso para financiar los aguinaldos de Buenos Aires. La necesidad de hacerse de esos recursos es la razón que lleva al viceministro Kicillof a asegurar que es “reaccionario” pretender que la plata de las jubilaciones se use sólo para jubilaciones.

Esta situación genera tensiones y dudas. Una expresión es la caída de los depósitos en dólares, termómetro habitual de la confianza, claro.

También eso se cuenta en el diario de hoy.

Menos actividad, caída industrial, rojo fiscal, fuga de dólares, son los títulos de las noticias de ayer. Una sumatoria para prestar atención, por más que la soja siga en alza (dato también del día) y que la apuesta sea otra vez a que el “yuyo” salve la situación.


Noticias de estos tiempos

PorMarcelo Canton

59. Moyano, Cariglino y De la Sota, el nuevo polo anti K. By Guillermo Cherashny. Publicado por informadorpublico.com



El blue vuela a $ 6,80.
El default de Eduardo Duhalde, los hermanos Rodríguez Saá, Carlos Reutemann, Mario Das Neves, Ramón Puerta y otros líderes más, sumado a la decisión de Daniel Scioli de no confrontar con la presidente, tiene una consecuencia inmediata: el liderazgo del peronismo antikirchnerista quedó en manos de Hugo Moyano. Éste ahora busca el camino para convertir su poder sindical en un aparato político con capacidad electoral. Juega en este esquema la experiencia política que le aporta Gerónimo “Momo” Venegas, más acostumbrado a trabajar simultáneamente en el campo sindical y el político.
El líder camionero visitó ayer al intendente de Malvinas Argentinas, Jesús Cariglino, uno de los pocos opositores al gobierno que cuenta con territorio propio y que integró el peronismo federal. La charla entre los dos fue jugosa y Moyano sostuvo que es imperioso formar un espacio político peronista para darle batalla a CFK en las elecciones legislativas del 2013. Pero, con los hechos que están a la vista, en la charla también se habría planteado que no conviene hacerse ilusiones con que Scioli integre ese nuevo espacio el año que viene. Reaccionando ante el creciente nerviosismo de su equipo, el gobernador habría definido días atrás: “a mí hasta ahora me fue muy bien haciendo lo que hago, así que van a tener que seguir confiando en mi intuición”, dejando en claro que descarta cambiar su estrategia. La misma apunta claramente al 2015 pero no le asigna una importancia decisiva al 2013. Moyano tendría el punto de vista inverso, o sea, que si no se consigue frenar al gobierno el año que viene, después será muy difícil evitar la reelección de Cristina.
Una trama compleja
Los sondeos de Moyano y Cariglino pasan ahora por Sergio Massa, que compite de igual a igual con Scioli en las encuestas y sería el candidato ideal para encabezar la lista para diputados nacionales por Buenos Aires. Un paso al frente del tigrense permitiría superar además la disputa que ya se insinúa entre Francisco de Narváez y Graciela Camaño, ambos interesados en encabezar la lista de diputados. Pero la realidad es que Massa practica el hermetismo como Scioli y no se sabe si finalmente apostará a la confrontación con el cristinismo o simplemente seguirá como hasta ahora. La otra incógnita es qué rumbo político tomará Luis Barrionuevo, apodado “Harry el sucio” en la jerga sindical. El gastronómico viene de protagonizar una serie de zigzags entre los gordos y el moyanismo. Sí parece rumbear hacia el nuevo espacio opositor José Manuel de la Sota, quien ya anticipó que formará una lista propia de candidatos a diputados nacionales por su provincia. Y tampoco sería extraño que el cordobés, antes de fin de año, desembarque en Malvinas Argentinas, ya que mantiene un diálogo fluido con Cariglino. El eventual adelantamiento de los tiempos debido a un descontrol de las variables económicas también forma parte de los análisis del nuevo polo opositor. El dólar blue -anteayer a $ 6,60- ayer tocó los $ 6,80 y debilita al cristinismo, que va a seguir insistiendo en que el mundo se nos vino encima. En realidad, por culpa de los errores de la política económica oficial, a los estatales bonaerenses se les vino el mundo abajo con la demora del aguinaldo y la escapada del blue, que mermará la capacidad adquisitiva de los sueldos. La historia demuestra que finalmente los precios se acomodan al dólar negro y por tanto perderán capacidad de compra, lo que ya se nota en que muchos precios en los supermercados suben todas las semanas, cuando antes lo hacían cada mes. Así es que el gobierno estaría ahora descartando el adelantamiento de las legislativas. Lo que es difícil de prever, es si habrá en este segundo semestre acontecimientos económicos con suficiente fuerza como para cambiar el escenario político.


julio 19, 2012
By Guillermo Cherashny. 
Publicado por informadorpublico.com
http://site.informadorpublico.com/?p=14971









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58. Contacto cercano con la realidad Por Claudio Jacquelin | LA NACION


Un sorpresivo cambio de rumbo acaba de mostrar el Gobierno. Cuando nadie lo imaginaba, adoptó medidas y produjo hechos que contradicen abiertamente el discurso dominante durante las últimas semanas en el universo oficialista. Es como si, de pronto, hubiera hecho contacto cercano con la realidad.

El primer volantazo fue el envío de gendarmes a Santa Cruz, cuyos habitantes habían quedado más indefensos de lo habitual ante una huelga policial por reclamos salariales, pese al reciente anuncio presidencial de no prestar a ninguna provincia la asistencia de fuerzas nacionales por problemas propios.
Menos de 24 horas después aparecieron los fondos que durante más de dos semanas le escamotearon, con agravios incluidos de un coro de funcionarios nacionales encabezados por Cristina Kirchner, al gobernador bonaerense.
Apenas horas antes, el reforzado ministro Florencio Randazzo había anunciado que se congelaban los subsidios al transporte y que se aumentaban fuertemente las tarifas para quienes no poseyeran la polémica tarjeta SUBE.
Ayer, el Indec, que no se caracteriza desde hace años por difundir números que indiquen que el modelo tiene fallas, admitió una brusca desaceleración de la actividad industrial y un enfriamiento sensible de la economía.
El escenario no puede ser más elocuente: la provincia presidencial sin policía; el principal Estado argentino en virtual cesación de pagos, con los empleados públicos en huelga; menos asistencia estatal para el transporte; la producción industrial en retroceso con trabajadores suspendidos o en riesgo de perder sus puestos, y la economía cerca de su punto de congelamiento.
¿Qué cambió, entonces, para que la Presidenta y su círculo de propaladores cambiara tanto en tan poco tiempo? ¿Qué torció el rumbo adoptado hace cinco meses, al calor de la aparición de algunas soluciones mágicas (como los presuntos beneficios inmediatos de la estatización de YPF, el cepo a las importaciones o el corralito cambiario) y de la negación de los datos que reflejaban una situación económica y social crecientemente compleja? Lo que cambió radicalmente fueron los números.
Las frías y cortantes cifras de la economía real y de las cuentas públicas empezaron a chocar cada vez más con los ebullicientes datos de las encuestas de opinión pública que muestran que el humor social está agriándose a pasos agigantados, que la realidad y las expectativas económicas personales empeoran y que cada día la gente responsabiliza más por eso al Gobierno, en general, y a la Presidenta, en particular.
No es de extrañar. A la inflación que día a día se come los ingresos de la gente (y lo reconocen hasta los gremialistas preferidos por el Gobierno) hay que sumarle que en la provincia más poblada de la Argentina dejaron de circular más de 1000 millones de pesos durante este mes por la postergación del 75 por ciento del aguinaldo a los empleados públicos, por el pago en bonos a los proveedores y por el corte de obras.

La inseguridad

A eso se agrega que en el territorio bonaerense, al igual que en la Capital Federal y en la mayoría de las provincias, la inseguridad ha vuelto a instalarse como la principal preocupación ciudadana, de la mano de un crecimiento de los delitos violentos sin que el Estado demuestre que tiene algún proyecto serio para ponerles límites.
Y si algo faltaba para alejarse de la gente, llegaron las peleas políticas dentro del universo kirchnerista, pensando más en 2015 que en lo que viven hoy los argentinos.
Demasiadas evidencias de que algo no estaba bien como para seguir insistiendo con el País de las Maravillas por cadena nacional sin riesgo de que la situación se tornara mucho más difícil de manejar, de que la caída de la imagen presidencial no se acelerara estrepitosamente, de que los reclamos callejeros dejaran de ser aislados.
Aunque las causas y los remedios adoptados puedan no ser los mejores, no es una mala noticia comprobar que el Gobierno puede conectarse con la realidad.



Contacto cercano con la realidad

Por Claudio Jacquelin | LA NACION

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domingo, 15 de julio de 2012

57. El escenario Qué le pasa a la Presidenta Por Joaquín Morales Solá | LA NACION


El caso Scioli, un gobernador que tambalea en La Plata, es sólo un síntoma. Cristina Kirchner es una mujer que ha cambiado profundamente en los últimos meses. Siempre fue mandona, pero nunca había llegado a los niveles actuales de autoritarismo. Nunca fue amplia ni tolerante, pero antes sentía cierta curiosidad por otras realidades, que ahora ha perdido. Antes le gustaba desfilar por las pasarelas de la política internacional; ahora ha hecho de la Argentina el centro del mundo y convirtió al mundo en un despreciable vecindario.
Tres cadenas nacionales de radio y televisión en apenas cuatro días requieren de un gran concepto de sí misma. Más que la repetición, sorprende lo que dice. La Presidenta no les habla a los argentinos, sino que apela a sobrentendidos para agraviar o chacotear con el mundillo político. El exceso discursivo la empuja también permanentemente al error o a la confusión, justo a ella que era una obsesiva perfeccionista con sus apariciones públicas.
Pertenece a un universo político con poco sentido republicano, es cierto, pero antes solía subrayar su apego a la ley. Ahora usó sus discursos para cometer dos delitos: primero anunció que desobedecería a la Justicia si ésta le ordenara movilizar la Gendarmería, y luego violó el secreto fiscal cuando expuso la situación ante la AFIP de un empresario inmobiliario que contó que el control de cambios fulminó su actividad.
Daniel Scioli carece de márgenes políticos cuando el despotismo y la discrecionalidad han llegado tan lejos. ¿Cómo enfrentar con palabras amables a la furia de una persistente balacera? Scioli depende en estas horas de dos cosas. De él mismo, en primer lugar, si perdurara en su decisión de no renunciar. Pero también de la oposición antikirchnerista, porque estaría terminado si ésta se uniera al kirchnerismo para tumbarlo en el Parlamento de La Plata. Scioli tiene sólo cinco legisladores, si es que al final de cuentas fueran cinco y no menos.
Algunos amigos le han aconsejado al gobernador que se rebele ante tanta injusticia, aunque la decisión le termine costando la renuncia. Sin recursos, con permanentes huelgas, con una inseguridad desenfrenada y con la Justicia desautorizando sus decisiones políticas, Scioli debería, sin embargo, nacer de nuevo para hacer lo que le piden. Tiene hasta el vicegobernador Gabriel Mariotto en huelga. Aquella reunión con Cristina Kirchner que contó el intendente Darío Díaz Pérez fue una acción destituyente, no sólo un discurso. El intendente fue convocado secretamente a Olivos, donde se encontró con un grupo selecto de intendentes que escucharon a una Presidenta enardecida con Scioli. Nunca imaginé a Cristina hablando de esa manera de un gobernador, confesó otro intendente que también estuvo entre los selectos.
Si da una conferencia de prensa, yo le contesto por cadena nacional, había anticipado Cristina antes de que Scioli hablara ante los periodistas el sábado pasado. Dicho y hecho. Ni siquiera reparó en las flores que le tiró Scioli en su conferencia de prensa. No debía reunirse con los periodistas. Punto. Una nueva avalancha desestabilizadora contra Scioli sucedió después.
Scioli resiste, inmóvil como un Buda, y su pacifismo incluye hasta la aceptación pública de las críticas que le hace la Presidenta. Corre el riesgo de quedar muy solo. El gobernador llamó en estos días a un dirigente opositor para pedirle que no lo criticaran. Si vos te enamoraste de los secuestradores, yo no tengo por qué denunciar el secuestro, le respondió el opositor.
Si Scioli no ha nacido para rebelarse, otro destino posible es inmolarse en un eventual incendio provincial. Ese es el riesgo que la Presidenta actual no ve. La provincia de Buenos Aires no es la Capital, ni Córdoba, ni Santa Fe, para hablar sólo de los grandes distritos. Buenos Aires es un territorio bajo responsabilidad del gobierno nacional desde que mandan los Kirchner. Lo es cuando aporta millones de votos, pero lo es también cuando estallan sus conflictos. La Presidenta le sacó 1800 millones de pesos, que no se los dio a Scioli, al consumo de una economía gravemente entumecida. No es Scioli el que no cobró el medio aguinaldo, sino centenares de miles de bonaerenses. El péndulo de Scioli oscila entre la improbable rebelión y una eventual hoguera. Su horizonte no es bueno, pero el fuego podría cercar también a Cristina.
Hugo Moyano es más resuelto que Scioli. La notificó a Cristina de que no contará en adelante con su apoyo político y electoral. La Presidenta lo arrinconó a Moyano, otro viejo aliado, hasta la sublevación. Con la economía en caída libre y con la inflación en franco ascenso, ella prefirió darse el gusto de fraccionar el mapa sindical. La aguardan meses de intensos conflictos laborales. No sólo tendrá cinco centrales obreras, sino también un problema que preexistía: muchos jerarcas sindicales no controlan decisivas comisiones internas. En lugar de unificar la interlocución, que es lo que la propia Cristina hizo hasta hace poco, eligió castigar a Moyano. Lo fragmentó, es verdad, pero quedó expuesta a la sublevación sindical en plazos muy breves. ¿Para qué ha hecho eso cuando decidió, al mismo tiempo, la persecución implacable de la clase media, sin reparar que gran parte de ella la votó? Le prohibió el acceso a los dólares para ahorrar, cuando la inflación estraga los pesos, y para la compraventa de inmuebles; también le retacea dólares para viajar. Ahora la hostiga también con el consumo de servicios públicos en un país que necesita mejorar esos servicios y no perseguir al usuario. En un aspecto tiene razón Cristina, si su propósito es la revancha: la clase media argentina es naturalmente reacia al despotismo político. Es reacia, por lo tanto, al cristinismo actual.
Moyano tuvo en su congreso la mayoría de los delegados, el 54 por ciento. Esto es así si se deja de lado a la CGT de Luis Barrionuevo, que no puede participar de ningún congreso de la central obrera. Hace muchísimos meses que sus gremios no pagan el aporte mensual a la CGT, porque se consideran otra CGT. Sea como sea, Moyano no es un muerto político ni mucho menos. La Presidenta había ordenado su muerte. Sobrevivió.
Ni la condición volcánica de la provincia de Buenos Aires ni la posibilidad de un desmadre social detienen a la Presidenta. Tampoco las mínimas reglas de la convivencia internacional. La alusión al ministro de Economía español, Luis de Guindos, fue ciertamente ofensiva y agraviante. Aprovechó una foto con un cierto parecido de Guindos a Domingo Cavallo (parecido que en realidad no tiene) para tratarlo como "el pelado ese". No lo nombró a Cavallo ni a Guindos. Sobrentendidos. Encapsulada en el pasado, se mofó sólo para divertir a la barra kirchnerista. ¿El problema era con Repsol o es, como parece, con España y los españoles?
Cristina Kirchner no era así. Delante de este periodista describió en su momento, no sin deleite, sus conversaciones con el rey Juan Carlos, con Nicolás Sarkozy o con Angela Merkel. No es una presidenta que se haya ufanado antes de faltar el respeto en el exterior o que desconozca las normas más elementales de las relaciones entre los gobiernos. Esa vieja curiosidad por el mundo se ha desvanecido. Es una Cristina nueva, más radicalizada y menos realista, más arbitraria y menos predecible.
Cristina no pierde la oportunidad de pegarle a un ciego , sea Scioli o el continente europeo con sus muchos conflictos actuales. Europa está mal, pero la Argentina no está mejor. Cualquiera que haya caminado por calles europeas en los últimos tiempos pudo constatar que en la Argentina se ven más pobreza, miseria e inseguridad que allá. Cristina se pelea donde antes halagaba porque cree decididamente en lo que dice: ella vive en un paraíso que está en medio de un mundo que se cae.
El problema de la Presidenta es que no puede romper, ante sí misma, el hechizo de su relato. La aceptación de un solo error significaría la caída de todo el relato. Persistir en esa fantasía necesita de cantidades cada vez más grandes de cadenas nacionales y de mayores dosis de insoportable autoritarismo.
Por Joaquín Morales Solá | LA NACION
Publicado por lanacion.com.ar




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56. La patética política del miedo de Cristina Kirchner Por Fernando Laborda | LA NACION. Publicado por lanacion.com.ar


La presidenta de la Nación pudo demostrar en los últimos días que los controles de evasión impositiva funcionan a velocidad récord cuando se trata de castigar a todo empresario que ose hacer públicas sus diferencias con la política económica de su gobierno. En los últimos días, ya venía confirmando que no tendría piedad con aquellos gobernadores que, comoDaniel Scioli , insinuaran su intención de sucederla en 2015.
El mensaje es claro. Cristina Fernández de Kirchner está dispuesta a emplear todos los instrumentos del Estado para enfrentar a su enemigo, al que se puede definir como todo aquel que exteriorice un serio cuestionamiento a las políticas oficiales. Desde el aparato de recaudación oficial hasta los servicios de inteligencia, pasando por el cada vez más abusivo uso de la cadena nacional , todos los recursos se hallarán a mano de la titular del Poder Ejecutivo para disciplinar a los disidentes.
El escrache al que la primera mandataria sometió a una empresa inmobiliaria, luego de que uno de los socios de la compañía se quejara de la indesmentible caída de las ventas de propiedades tras la instrumentación del cepo al dólar , es sólo una muestra de los abusos de poder de un gobierno que ha llegado en las últimas horas al extremo de forzar al Banco Central a idear la posible condena a pesificación perpetua a quienes compren dólares para viajar al exterior y finalmente no salgan del país.
En el momento de mayor intervencionismo del Gobierno sobre la actividad privada y de menos respeto por el derecho de propiedad, la dirigencia empresarial habla poco y nada sobre la cadena de arbitrariedades oficiales. Prevalece el temor a las represalias. Se termina imponiendo la lógica que traslucía un viejo eslogan del último régimen militar de la Argentina, "El silencio es salud", que identificaba una supuesta campaña de bien público con nefastas connotaciones.
No hay absoluta inocencia en los representantes del empresariado. Su silencio puede relacionarse a veces con el miedo a perder un subsidio, una prebenda o una contratación con el sector público, y muchas veces con la convicción de que no podrían enfrentar una inspección impositiva de la AFIP.
Los gobiernos kirchneristas se han ocupado con cierto éxito de alentar una cultura en la cual la afinidad de los empresarios con los funcionarios sea vista en sí misma como una potencial fuente de negocios, más fructífera que cualquier emprendimiento que involucre una tradicional inversión de riesgo.
Con el capitalismo de amigos, primero, y con el capitalismo de Estado, en los últimos años, el oficialismo ha edificado un paradigma en el cual los emprendedores tienden a ceder su lugar a los cortesanos del poder y a los lobbistas . Se ha hecho creer desde el poder político que la relación con los funcionarios y el dominio de sus cada vez más arbitrarias y complejas regulaciones resultan más importantes que el entendimiento del mercado. El mejor ejemplo es el de Alejandro Vandenbroele y los amigos del vicepresidente Amado Boudou, que, de la noche a la mañana, se quedaron con la ex imprenta Ciccone y con un millonario contrato con la Casa de Moneda para imprimir billetes que ni siquiera sería necesario si las autoridades nacionales admitieran la galopante inflación y advirtieran que debería haber billetes de 200 y de 500 pesos en lugar de tantos de 100 pesos.
El modelo kirchnerista profundizado por el cristinismo induce a que, en lugar de demandar libertad económica, hoy el empresario tienda a tratar de complacer al funcionario para obtener su favor o evitar persecuciones. Y lo primero que no se puede hacer es levantar la voz para contradecir al poder. Quien así no lo entienda se arriesgará a sufrir el escarnio público, incluso de boca de la propia Presidenta.
Las consecuencias de no adaptarse a ese molde las vivió días atrás en carne propia una empresa inmobiliaria, más allá de su aparente pecado de no haber presentado declaraciones juradas de ganancias últimamente. No hace mucho las sufrieron varias consultoras que tuvieron la "osadía" de medir la inflación con una metodología más confiable que la del Indec. Las soportaron empresas periodísticas que dejaron de recibir publicidad oficial o vieron obstaculizada la distribución de diarios por piquetes de camioneros que, en aquel entonces, respondían a directivas del oficialismo. Las padecen directivos de diarios acusados infundadamente por supuestos delitos de lesa humanidad. Las penan empresarios que no navegan bajo el calor oficial y son acosados por inspecciones impositivas, por sospechosas medidas de fuerza sindicales, por la suspensión de líneas de financiamiento o por demoras en la concesión de licencias para el comercio exterior. Las toleran jueces no dispuestos a "cooperar" en causas que interesen al poder político y, finalmente, los gobernadores provinciales e intendentes no alineados con la Casa Rosada, condenados por la discrecionalidad del mayor unitarismo fiscal de los últimos tiempos.
El empleo del miedo como método alcanza a extraños y a propios. Los ministros y colaboradores de la jefa del Estado saben que, desde siempre en la era kirchnerista, se hallan sometidos a un control obsesivo acerca de todo lo que hacen y dicen, y también sobre lo que no dicen, especialmente cuando de ellos se espera que, vía Twitter o como sea, salgan a defender decisiones presidenciales.
No hay lugar para verdaderos ministros capaces de dimensionar con objetividad los problemas y hacerle ver la realidad a la Presidenta; apenas hay espacio para complacientes edecanes. Tampoco hay lugar para la idoneidad, desplazada por la obsecuencia. El beneplácito de la jefa es el único control de calidad. Sólo falta que, como en otras épocas, se repita hoy la anécdota atribuida a tantos dictadores latinoamericanos que le preguntan a un colaborador qué hora es y de inmediato reciben como contestación: "La que usted quiera, mi general".
Es así como los mensajes presidenciales, recurrentemente, se caracterizan por grandes ausencias, como la inseguridad o la inflación, en tanto se centran en viejos pergaminos que adornan los muros kirchneristas desde 2003, como el crecimiento a tasas chinas, la caída del desempleo y el boom del consumo. Se añade desde no hace mucho el afán por convencernos a todos y a todas de que nuestro gran problema es "el mundo que se nos cae encima", aun en momentos en que el precio internacional de la soja bate récords. La manipulación está a la vista: con la misma convicción con que hoy endilga al mundo la desaceleración de nuestra economía, Cristina Kirchner obvia toda mención al viento de cola mundial que permitió la fuerte aceleración económica de los primeros años de la era K.
La política del miedo de una Presidenta que suele confundir la ley con su propia voluntad convive con otros temores. Aquellos que reinan en operadores económicos que hoy recuerdan declaraciones hechas en octubre pasado por el entonces viceministro de Economía, Roberto Feletti, en el sentido de que, una vez ganadas las elecciones, "el populismo no tendrá límites porque tiene las herramientas para apropiarse de la renta". Lo que en aquellos días sonaba desmesurado, hoy parece una profecía. ¿Qué vendrá tras el cepo cambiario? ¿Acaso una nacionalización de los depósitos bancarios, como puede sugerirlo la reciente imposición a los bancos de prestar dinero a tasas negativas?, se preguntan empresarios.
El auge de la sustitución de reglas habituales por procedimientos cada vez más arbitrarios sustentados en una política dirigista e intervencionista ha abierto en el país un espacio incierto donde todo es posible. La Argentina kirchnerista es una cantera inagotable para la imaginación.
Por Fernando Laborda | LA NACION. 
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55. Scioli y Moyano, en un punto sin retorno POR EDUARDO VAN DER KOOY. Publicado por clarin.com




El vínculo político y personal de Cristina Fernández con Daniel Scioli y Hugo Moyanoestá definitivamente roto . Esas rupturas podrían ser presagio de dos cosas: una crisis institucional que, antes o después, arribará a Buenos Aires; una fuga inevitable de identidades peronistas que la Presidenta deberá pensar en reemplazar explorando, tal vez, nuevos caminos. Habrá que ver si redobla la apuesta con La Cámpora y los movimientos sociales, como hizo con éxito en octubre. Habría que ver, también, cuánto hilo le quedan a esas organizaciones para cubrir el vacío que se abrirá en el espacio oficialista.
El gobernador de Buenos Aires se terminó de convencer del divorcio cuando, luego de muchos cabildeos, decidió hablar por teléfono con la Presidenta antes de la rueda de prensa en La Plata el sábado anterior.
Fue una conversación mala que Cristina abrió con gritos y reproches.
Cuando ganó serenidad dejó explayar a Scioli aunque varias veces lo interrumpió con la pregunta: “¿Pero qué es lo que querés?” Al final le prometió colaboración, es cierto, como se la prometió a todos los mandatarios dos de las tres veces que esta semana habló por cadena nacional. Sólo el voluntarismo del gobernador bonaerense pudo convertir ese desencuentro en un supuesto gesto político amistoso.
Scioli siempre había apartado a Cristina de responsabilidades en la guerra que le desató el cristi-kirchnerismo desde que arrancó su segundo mandato. Llegó a creer, incluso, en la buena fe de Gabriel Mariotto. El vicegobernador fue impuesto por la Presidenta contra sus deseos. Pero lo recibió con elogios y abrazos. Tuvo a modo de respuesta indiferencia y hostilidad.
La primera amenaza que le hizo ruido, de verdad, fueron sus encuentros con Hernán Lorenzino . El ministro de Economía le pidió, en nombre de Cristina, la sanción de la reforma tributaria bonaerense que incluyó el revalúo inmobiliario rural. A cambio le prometió la ayuda de $ 2.800 millones para abonar sueldos y aguinaldos en la Provincia. Aquella reforma fue sancionada y el Gobierno sólo giró $ 1.000 millones. Cuando Scioli lo encaró a Lorenzino, el ministro le contestó con una frase y una pícara sonrisa: “No podemos mandarte más. Qué le vamos a hacer....” El ministro de Economía, arropado en un perfil intrascendente, ha pasado a ser en esta historia un funcionario al cual no convendría restarle atención. Lorenzino fue director de Políticas de Financiamiento de Buenos Aires durante la administración de Felipe Solá. Intervino en el rescate de los patacones de la poscrisis. En el Gobierno afirman que es quien mejor conoce los dislocados números de la economía bonaerense . También, quien le suministra diariamente a Cristina información económica de esa provincia, apuntando los supuestos desmanejos en que, a juicio suyo, incurriría Scioli.
Hay quienes presagian que, según sea el rumbo que tome el pleito entre la Nación y Buenos Aires, Lorenzino podría ser designado para el monitoreo financiero directo de la administración sciolista.
Una especie de interventor en el área que conduce Silvia Batakis. Nada podría hacerse, claro, con la oposición de Scioli. Pero el gobernador parece dispuesto a no librar ninguna batalla frontal.
¿Dejaría Lorenzino el Ministerio de Economía? Tal vez ese dilema podría zanjarse con un pedido de licencia. Tampoco su salida constituiría un problema insoluble para Cristina: la economía gira en torno a las decisiones del supersecretario, Guillermo Moreno, y en menor escala también del viceministro, Axel Kicillof.
La ofensiva cristi-kirchnerista en Buenos Aires posee una llamativa sincronización. Al ahogo financiero que forzó a Scioli a pagar los aguinaldos desdoblados –que desató una oleada de huelgas y protestas– lo acompañó una catarata de críticas de los principales funcionarios y legisladores K. Mariotto, que preside el Senado provincial, resolvió abonar de una sola vez el aguinaldo en la Legislatura. Lo mismo anunció la Suprema Corte bonaerense. Curioso: el dinero que falta en el Poder Ejecutivo parece alcanzar en los demás.
El cerco sobre Buenos Aires se extiende hasta fronteras impensadas. Scioli botó el jueves en el Astillero Río Santiago el segundo buque más importante en tamaño construido en esa fábrica en los últimos 30 años. Está destinado a la petrolera estatal de Venezuela, PDVSA. El convenio había sido firmado por la propia Cristina con Hugo Chávez y contempla la construcción de una segunda nave. El gobernador debió presidir la ceremonia en soledad. Ningún funcionario del Gobierno nacional asistió. Tampoco el embajador venezolano, Carlos Martínez Mendoza, que habría recibido sugerencias desde la Casa Rosada para ausentarse.
El tendido de aquel cerco pareciera facilitarse para los K debido a la estrategia fofa de Scioli. El pecado no es de ahora. Nació el minuto en que Cristina le estableció condiciones para su candidatura a gobernador. Scioli había tenido también fricciones con Néstor Kirchner en su primer mandato. Pero siempre un encuentro a solas o alguna fugaz conversación las aplacó. No tiene ninguna de esas posibilidades con la Presidenta.
¿Qué hacer?, es la pregunta que más circula ahora en el atribulado universo del sciolismo. Blanquear la ruptura podría ser, tal vez, una aproximación al abismo. Hay un largo camino por recorrer todavía hasta las elecciones del año que viene. Ese tránsito deberá hacerse en condiciones económicas y sociales distantes de cualquier bonanza. El peronismo nacional está acurrucado: sólo José de la Sota pulsea silenciosamente para no ser presa también de la asfixia financiera cris-kirchnerista. El resto de los gobernadores, en dificultades o no, calla.
Tampoco Scioli edificó en Buenos Aires un sistema de alianzas que lo proteja del embate.
Se ampara sólo en su popularidad.
Tiene comunión política con intendentes aunque pocos son del poderoso conurbano. Esos hombres se acostumbraron a responder los llamados de Olivos. La oposición actúa, como en demasiados casos, de privilegiada espectadora.
“Difícil defender a Scioli si Scioli no se defiende”, arguyen. Les asiste, quizás, una parte de razón. Pero se trata de un conflicto que avanza hacia una crisis institucional y que tiene de rehenes, por un disparador político, a millones de habitantes bonaerenses.
Tal vez una excepción ha sido Mauricio Macri. Con timidez alertó sobre las posibles consecuencias de la pelea entre Cristina y Scioli. Pero teme, además, que algún golpe de fortuna del gobernador pueda terminar afectando su propio proyecto presidencial. El jefe porteño y Scioli comparten algunas comarcas políticas y también cierta potencial clientela electoral.
Los kirchneristas –también otros que no lo son– remarcan el hipotético error de Scioli por haber explicitado con tanta antelación su deseo presidencial. El gobernador dijo que pretende ser candidato únicamente si Cristina no lo fuera. La confesión de Scioli pareció una excusa para desatar el combate. La embestida cris-kirchnerista hubiera existido igual porque el oficialismo tiene irresuelta la sucesión. La popularidad de Scioli constituye una amenaza política y estética para la mirada presidencial.
Moyano fue el único que se atrevió a defender a Scioli cuando reasumió la conducción de la CGT fracturada. Su mensaje excedió el campo gremial: hizo las reivindicaciones de siempre pero advirtió que esa organización revisará la idea de votar en favor del Gobierno en las legislativas. Fue sin dudas una palabra destinada a acicatear alguna candidatura alternativa en el peronismo, todavía muy remisa.
Moyano mencionó tópicos, como la inseguridad, acorde con un candidato político antes que con un líder sindical. Pero en cinco ocasiones, además, demandó diálogo al Gobierno. Esa agenda tendría explicación: el camionero necesita reconciliarse con los sectores medios a los cuales espantó por años con acciones prepotentes. Liderará una CGT que se pondrá a la cabeza de las protestas que abundarían a medida que la economía languidezca. Para inquietar en serio al Gobierno requerirá una musculatura superior que la movilización de los camioneros y gremios leales. Por ese motivo, la versión amansada del Moyano que apareció en Ferro.
Los “Gordos cegetistas” y los “independientes” le dejarán libre hasta octubre el papel reivindicatorio al camionero. En aquel mes tienen pensado entronizar al metalúrgico Antonio Caló.
Pero antes deberían zanjar algunas diferencias.
La Unión Ferroviaria desertó del moyanismo a última hora porque el Gobierno le recordó la situación de José Pedraza. El titular de la UF está preso por la muerte del militante del PO, Mariano Ferreyra. Así seguirá hasta que se sustancie el juicio oral. Gerardo Martínez, el jefe de la UOCRA, fue alguna vez postulado como reemplazante de Moyano. Resignó esa postulación a manos de Caló. Pero no querría dejar también su representación sindical ante la OIT.
Cristina deberá hacerle a la CGT antimoyanista una concesión antes de octubre. Algo referido quizás al mínimo no imponible. Una concesión a la dirigencia noventista-menemista que fue la que más bregó para que los Kirchner olvidaran a la CTA.
Tal vez se trate del mismo rasgo de época que indica la ruptura con Scioli y Moyano. Una época empeñada, al parecer, en enterrar los orígenes del kirchnerismo.

POR EDUARDO VAN DER KOOY. 

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sábado, 14 de julio de 2012

54. Cuentas públicas "El gobierno argentino no va a emitir deuda en los mercados internacionales" Por: Liliana Franco. Publicado por ambito.com.



"Vivir y financiarnos con lo nuestro" es una manera de reflejar el pensamiento del equipo económico. "Nuestro financiamiento se focaliza con nuestras fuentes internas. Argentina va a seguir manejándose en esos términos. No tenemos pensado salir al mercado externo", afirmó el secretario de Finanzas, Adrián Cosentino en declaraciones a la Sala de periodistas del Palacio de Hacienda. Criticó que los mercados no visualicen la solidez de la economía Argentina ya que la tasa de Riesgo País se ubica en 1.070 puntos por encima de Venezuela. Este indicador que elabora JP Morgan, mide el diferencial de los intereses que pagan los bonos del Tesoro de los Estados Unidos con sus pares de economías en desarrollo. De acuerdo a los fundamentales de la economía que se toman en cuenta como, por ejemplo, la relación PBI / deuda Argentina debería poder acceder a los mercados financieros a tasas convenientes, sostienen a nivel oficial.

Al respecto, la Deuda Pública Nacional Bruta ascendía a fines del año pasado a 178.963 millones de dólares, lo que equivalió al 41,8% del PBI de Argentina, 3,5 puntos porcentuales por debajo de la relación que tenía en el 2010. El 53,8% de la deuda corresponde a organismos del Sector Público Nacional, el 13,9% a Organismos Multilaterales y Bilaterales de crédito, mientras que el restante 32,3% correspondía a financiaciones -principalmente títulos públicos- en cartera del sector privado, según datos oficiales.

Cosentino no se detuvo en explicar a que responde esta valuación pero minimizó su importancia al decir "es un tema del mercado. Por suerte nosotros no dependemos del mercado". Aunque defendió que las políticas de financiamiento han sido "muy armónicas".

En sintonía con las críticas presidenciales, Cosentino ratificó que la Argentina "no tiene que validar tasas que no se corresponden con los sólidos fundamentos macroeconómicos que tiene el país". Además evaluó que "estos son indicadores objetivos" de la solvencia financiera.

En otro orden, Cosentino aclaró que los $ 2.000 millones que tomó el Tesoro del Banco Nación "se da en el marco de una extrema prudencia" y esta por debajo del limite establecido que tiene el Gobierno para captar fondos del la entidad Banco. Al respecto, aclaró que por la ley 26422, en su articulo 74 se establece que el Banco Nación solo puede prestar hasta el 30% del total de depósitos que tiene del Sector Público. Recordó que para el financiamiento del resto del año se cuenta con el auxilio del Banco Central tanto para afrontar el pago a tenedores de deuda como para las obligaciones con los organismos multilaterales.

Uno de los logros de este Gobierno, que la presidente Cristina de Kirchner se ocupa últimamente en resaltar es que el 3 de agosto se pagarán el vencimiento del Boden 2012. Al respecto, el ministro de Economía, Hernán Lorenzino a través de su twitter efectúa un conteo descendiente hasta llegar al día de la "independencia económica", es decir el 3 de agosto que es el día que se pagara el vencimiento. El secretario de Finanzas anticipó que ese día se depositaran los 2200 millones de dólares. En el ingreso al Ministerio de Economía, se ha instalado tres pantallas gigantes que cuentan con un contador de días, horas, minutos y segundos, en colores blanco y celeste bajo la leyenda "Termínanos de pagar el corralito en" y cierra "Sin deuda, somos más libres".

Se presume que habrá un gran acto ya que para el Gobierno este pago tiene un "valor simbólico", como expresó Cosentino porque este tipo surgió "tras la declaración del default y la crisis del 2001 y 2002". "Es cerrar una etapa nefasta", dijo el funcionario al tiempo que concluyó: "Los tenedores (del Boden 2012) debieron enfrentar situaciones muy difíciles. Debe ser el bono con mayor estructura de poseedores minoristas, más allá de que muchos ya se han desprendido".

Cuentas públicas

"El gobierno argentino no va a emitir deuda en los mercados internacionales"

 Por: Liliana Franco
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53. la estrategia del gobernador Scioli, el sobreviviente Ante los crecientes ataques presidenciales, el mandatario bonaerense no cambia de actitud y apuesta, una vez más, a salir fortalecido. Por Roberto García. Publicado por perfil.com



Como es obvio, la pelea terminal entre Cristina Kirchner y Daniel Scioli es por plata. Se soportaron con disgusto por años, mientras los recursos abundaban, pero ahora la escasez acelera la crisis de esta pareja nacida cuando el ahora gobernador integró con Néstor Kirchner el binomio presidencial. Los números acobardan: ahora, para evitar el desdoblamiento del medio aguinaldo, requiere Scioli más de $ 1.000 millones. Ella se los ha negado y, en el caso de que un pase de magia le resolviera el agujero de este mes a Scioli, hasta fin de año necesitará el aporte extra a su presupuesto de $ 9.000 millones. Sin un banco atrás –Central, oficial o privado, como sí tiene Cristina– parece difícil que sortee esa contingencia. Este es el nudo del conflicto, aunque pululan otros elementos que adoban la cena.
Empieza una lista menor o infantil contra el gobernador. Desde la objeción por jugar al fútbol con los equipos de Moyano, a platicar con Roberto Lavagna o Alberto Fernández, sin olvidar otro dato: su cuidadosa afirmación de que aspira a la Presidencia siempre y cuando Cristina no se proponga reformar la Constitución y postularse sine die. Si Ella elige esa vía, él la acompaña, dijo. Palabras que curiosamente le susurró uno de sus colaboradores menos belicosos, el mismo que en otras oportunidades –caso de las elecciones testimoniales, aquel papelón que obligó Kirchner– le había señalado la conveniencia de mantenerse en la línea oficialista, sin remilgos ni críticas. Igual cayó pésimo esa manifestación en Olivos, de inmediato brotaron miembros del cristinismo a señalar la torpeza destituyente por confesar lo obvio, como si otros servidores no actuaran con la misma intencionalidad presidencial.
Por si no alcanzaba este áspero marco –ya cargado en la previa durante meses por el propósito de remover al responsable de la seguridad en la provincia, Ricardo Casal– la misma Cristina se pronunció contra Scioli en forma terminante: desde el púlpito público lo calificó de mal administrador y peor gestionador, mientras en una reunión privada con intendentes –sugiriendo que lo abandonen– expuso consideraciones más crueles, le imputó inutilidad y hasta señaló que no lo quería ver más en el cargo (como si Ella lo hubiera designado y no los votos, como si Ella ignorara el acompañamiento de éste a todo su Gobierno y como si no hubiera reclamado el voto para su fracción a través de él). 
Esta incidencia oral, como se sabe, la reveló un intendente preferido de la casa, uno de los menos destacados de la provincia, Darío Díaz Pérez, de Lanús (quien ganó predicamento por el prestigio de su hermano en el distrito, a quien el club de fútbol –uno de los pocos con fondos depositados en el exterior, sin déficits en su presupuesto– le agradeció la gestión bautizando el estadio con su apellido: tal vez un caso de malversada portación de apellido).

Pero el episodio de la confesión presidencial, luego parcial y tontamente corregido, al parecer se ha confirmado a través de una grabación de ese encuentro. Justamente ese hecho, el testimonio grabado de la mandataria, fue el motivo por el cual Ella dialogó con Scioli momentos antes de que éste brindara una conferencia de prensa en la cual, pese a las reconocidas desavenencias, sostuvo que apoyaba in totum el proyecto de la Casa Rosada.
En esa breve conversación, a propósito de un llamado de Scioli, el caballero obediente no le reprochó a Cristina los cargos que ésta le había imputado. Por el contrario, fue Ella quien lo responsabilizó por la existencia de la grabación, la calificó indignada de “operación” –luego repetiría este término en público y junto al denunciado–, como si una organización de inteligencia bonaerense se hubiera encargado de esa tarea infame y anónima. O sea que Scioli, como si fuera una discusión habitual con su esposa, se quedó con los agravios pasados de Ella y, encima, la sospecha de que podría dedicarse pícaramente a escuchar las reuniones de otros.
Aún así, por el solo hecho de convocar luego a una rueda de prensa, responder preguntas y hablar a favor del periodismo libre, Scioli debió pensar que iniciaba la Revolución Francesa (algo de cultura gala hubo en su presentación, ya que introdujo al afrancesado Jorge Telerman como nuevo funcionario, quien hasta pocos días antes se había entrevistado en dos oportunidades con Mauricio Macri para ingresar al gobierno capitalino con un proyecto sobre una isla en La Boca, que se deshizo por la habitual tardanza del jefe comunal).
Este conato de insurrección prosiguió dos días después, al faltar a la convocatoria presidencial de Tecnópolis –cada vez más grande, cada vez más cara– con la excusa de que “estaba gestionando” como lo demandaba Cristina (un aporte crediticio del juego, específicamente de la empresa Codere, para no pagar en cuotas el medio aguinaldo, recomendación sugerida por uno de los intendentes que más odia Cristina y que reconoce un antecedente en la gobernación de Felipe Solá con los bingueros). Quienes lo conocen suponen que se negó a atravesar, otra vez, un castigo público por parte de Cristina.
Al margen del optimismo perpetuo de Scioli, vive jaqueado, sin voltear el rey, para usar una metáfora sobre su predilección de jugar al ajedrez con el experto en carnes Alberto Samid. Deshecha los consejos de quienes le reclaman una mayor beligerancia bajo la justificación de que es su cuerpo el que está en juego, se compara con Bonavena –por aquello de que “te mandan al ring y no te dejan siquiera el banquito”– y observa que a Moyano también lo dejaron bastante solo en su lucha sindical contra el Gobierno (aunque el jefe camionero dice: “yo llegué solo, me mantengo solo y seguiré solo, si es necesario”). Más allá de que puso una pica en Flandes al colocar como su segundo en la CGT al petrolero Guillermo Pereyra, alguien que Cristina eligió hace menos de un mes para integrar el directorio de YPF descartando otros gremialistas del sector. Cuando un ministro trató de convencerlo a Pereyra para que desertara de Moyano, éste replicó: “Yo le soy fiel a Hugo, también soy fiel a vos. Pero si seguir con Hugo me significa perder tu amistad, simplemente lo habré de lamentar”.

No parece que los intendentes dispongan de esa misma voluntad. Igual, por lo visto, Scioli seguirá hasta un final sin que lo acusen de traicionar, aunque en el kirchnerismo siempre se lo observa como alguien de otro bando. Esperará hasta conseguir la plata, prestada por otros o por la propia venia presidencial, si es que puede. Ya pasó por esas instancias con Néstor, cantando “tantas veces me mataron”, pero siempre sobrevivió (mal, pero sobrevivió). Piensa que la pelota ahora la tiene Cristina, nadie sabe si Ella actuará como Néstor o si se dispondrá a meter un gol antes del tiempo reglamentario.
Por Roberto García. 


Publicado por perfil.com


http://www.perfil.com/ediciones/2012/7/edicion_693/contenidos/noticia_0009.html






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