El PBI cayó el 4% de abril a
junio.
En su omnipotencia y con su consigna “vamos por todo”, el cristinismo está
resuelto a llevarse por delante a todo el mundo. Es obvio que no le teme a la
endeble oposición y que también se va agrandando con Hugo Moyano, que cometió el
error de no haber convocado a la Plaza de Mayo a sectores medios afectados por
no subir el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias. Mucho menos
prevenciones tiene el gobierno sobre la posibilidad de que surja una crisis
interna en el Frente para la Victoria. Pero Daniel Scioli es una excepción. La
presidente parece tenerle envidia porque, al menos hasta ahora, el gobernador
apareció como ignífugo, o sea, inmune a compartir con la presidente el desgaste
que genera la tendencia declinante de la economía. Esta envidia se vincula con
tres fenómenos a los cuales el cristinismo teme: la corrida cambiaria contra el
dólar, la fuga de depósitos de los bancos y, finalmente, la gente protestando en
las calles.
Pero una imagen en particular haría que el frío corra por las espaldas de los
miembros del entorno presidencial: se trata de los saqueos a los comercios. En
Santa Cruz, su territorio propio, el cristinismo viene sufriendo una huelga por
tiempo indeterminado de la policía provincial, que reclama aumentos de sueldos
que el gobierno no puede pagar. Tres días atrás, en Caleta Olivia, la policía
dejó de custodiar las calles y el pueblo saqueó la sucursal de Garbarino,
vaciándola por completo. ¿Cabe la posibilidad de que lo mismo ocurra en el Gran
Buenos Aires, como a finales del 2001?
Las condiciones para un estallido
Es un lugar común de muchos economistas decir que la situación económica
actual no alcanza la gravedad de la sufrida en el 2001. Entonces la deuda
externa era impagable, había una depresión económica con baja de sueldos y
finalmente una fuga de depósitos del sistema bancario, que colapsó el 4 de
diciembre del 2001 con el corralito.
Actualmente la deuda externa exigible no llega al 20% del PBI, por lo cual no
hay ninguna posibilidad de default. Pero, en cambio, estamos frente a una
corrida cambiaria inconclusa debido al rígido control de cambios que ya generó
un dólar blue 30% más caro que el oficial. Subsidiado, este retraso del
tipo de cambio está llevando a la parálisis de las economías regionales, con
características similares a las de la convertibilidad. También se está
produciendo una fuga de los depósitos en dólares de más de 6.000 millones de esa
moneda sobre U$S 15.000 millones que había. Asimismo, caen poco pero caen los
depósitos en pesos de los bancos, retiros que se orientan a comprar dólares
blue, sobre todo desde que se prohibió la compra de dólares para
ahorro.
Pero vayamos a la actividad económica: la venta de autos cayó el 25% en el
ultimo trimestre, la construcción cerca del 10%, el consumo el 8%. Se perdieron,
además, cerca de 30 millones de toneladas de la cosecha entre soja y maíz, lo
que significa 1 millón menos de viajes en camión. Por su parte, la actividad
financiera, debido a la fuga de depósitos y la recesión, cayó un 5%. Sólo
crecieron el gasto público, que lo hace al 35%, y también el empleo público. En
total, la caída del PBI en el segundo trimestre fue del 4%, es decir, más
profunda que la recesión del 2009. Esta tendencia ya se hace sentir en las
provincias, dificultando pagar los sueldos y aguinaldos, acelerando la caída de
las economías regionales y obligando a la disminución de las partidas por
coparticipación. En síntesis, el gobierno nacional ahora está imposibilitado de
mantener los niveles anteriores de auxilio a las provincias porque, teniendo la
capacidad de emitir, no lo hace, ya que teme la espiralización. En este
escenario, el segundo semestre se presenta peor. En efecto, la recaudación de
junio fue del 20%, muy lejos de la inflación real y del aumento del gasto
público y la emisión, y hay que tener en cuenta que ya se pagó el impuesto a las
ganancias. De ahora en más la recaudación seguirá aumentando cada vez menos
frente a la inflación real, el gasto y la emisión. Por ende, se agrandará el
déficit fiscal, que de acá a fin de año insumirá 100.000 millones de pesos, que
se cubrirán con la emisión y la ANSES, si es que alcanza. En este marco, no
sería extraño que a la brevedad la policía bonaerense se autoacuartele, se
reanude la corrida cambiaria, la fuga de depósitos y la caída del PBI. Y que
finalmente la gente salga a la calle. El banco de inversión Morgan Stanley acaba
de anunciar que este año habrá recesión y que en el 2013 la Argentina crecerá el
0,5% y el dólar valdrá 7 pesos.
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